viernes, 14 de agosto de 2009

Reflexión – Aun Cuando Desobedezcas, Terminaras Obedeciendo


¿Para que esperar a ser tragado por un gran pez? Jonás 2:7-10 “Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, Su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra”.

La historia de Jonás la conocemos desde niños, aun recuerdo cuando por primera vez escuche esa historia. El vecino que vivía enfrente a la casa de mis padres me invitaba, me pasaba recogiendo todos los domingos por la mañana para ir a la clase dominical, a pesar que yo era religioso y toda mi familia pertenecía a la religión tradicional, no ponían impedimento para que yo fuera con los “evangélicos” a la clase dominical, primero porque descansaban de mi y segundo porque así no me perdía con malas amistades.

Todavía recuerdo esos días de escuela dominical, yo siempre fui un niño muy inquieto en el sentido que me gustaba poner atención a las cosas, siempre fui aplicado en mis estudios y siempre me gustaba sobresalir. Recuerdo que ponía mucha atención a las clases pues siempre existió en mí el deseo de buscar a Dios, pese a que aun no lo conocía como tal. Luego de la historia nos daban hojas para colorear y en una de esas conocí al gran pez que trago a Jonás por su desobediencia.

Y es que años después supe que fue por eso, pese a que lo había dibujado y coloreado, no sabia a ciencia cierta de que se trataba o mejor dicho, ¿Cuál fue la razón por el que Jonás termino siendo tragado por el pez?, si yo sabia que había desobedecido, pero no entendía a cabalidad lo que significaba desobedecer a Dios, quiérase o no por ser un niño muy imaginativo y soñador, pensaba que siempre que desobedeciera a Dios podría ser tragado por un pez gigante.

Pero la verdad es que la voluntad de Dios no es que seamos tragados por peces gigantes, al contrario, su perfecta voluntad es que obedezcamos a sus mandatos, sean estos agradables a nuestros oídos o no.

Es que nos cuesta entender la voluntad de Dios, y no te culpo, ni mucho menos me culpo, porque nuestra mente finita no lograra comprender a totalidad los planes sabios de Dios, pues nuestra mente se basa en las probabilidades humanas, mas los propósitos de Dios se basan en las probabilidades Divinas, que son infinitas.

¿Cuántas veces Dios nos ha mandado a Ninive?, si a hacer aquello que no quiero hacer o ir al lugar donde no quiero ir.

En muchas ocasiones Dios me mando a predicar a lugares raros y lejanos, todavía recuerdo las muchas veces que caminaba muchos kilómetros para ir a predicar o para ir a invitar personas para que conocieran de Dios. En mas de alguna vez no me gusto el lugar hacia donde me enviaron mis autoridades, pero mi lema siempre fue y será: “si en lo poco le soy fiel, en lo mucho te pondré”.

Pero no siempre fui obediente al lo que me mandaba el Señor, en una ocasión recuerdo que estaba en un clamor, era la media noche y todos orábamos, de repente abrí mis ojos y Dios me puso en mi corazón ir a orar por una persona, pero en mi mente pensé que era un invento mío, mas aun cuando tenia que caminar mucho para llegar a esa persona, seguí orando y Dios seguía poniendo en mi corazón que fuera a orar por esa persona, cerré mis ojos y le dije: “Señor, si tu quiere que ore por el tráemelo aquí enfrente”, solo termine de decir esas palabras, abrí mis ojos y que sorpresa tremenda ¡Estaba frente a mi!, en ese mismos instante mas por temor que por obediencia extendí mis manos hacia esa persona y comencé a clamar como nunca, y sin lugar a dudas Dios me estaba enviando a orar por el, pues era una persona con un espíritu de parte del enemigo, yo era un joven en ese tiempo, bueno mas joven que ahora, y recuerdo que mi pastor llego también a orar, enseguida habíamos como unas diez personas orando por esa persona para que fuera libre.

Lo que quiero decir con esto, es que Dios muchas veces esta poniendo en tu corazón que hagas ciertas acciones, pero nuestra mente se rehúsa a creer que es de Dios, creemos que es un invento y ponemos tantos requisitos para saber si es de El o no, cuando en realidad sabemos muy bien que si es de Dios.

Jonás no quiso obedecer, mas allá de eso, se fue al lado contrario de donde Dios lo había mandado, pero a Dios no te le escaparas tan fácil, en el verso 17 del capitulo uno dice: “Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches”.

Pero yo pregunto ahora, ¿Si ya sabemos la historia de Jonás y las consecuencias de su desobediencia, Para que esperar a ser tragado por un pez para obedecer?

Muchos de nosotros hemos obedecido hasta que hemos visto que estamos en el vientre del pez y ya no hay mas escapatoria que obedecer, pero ¿Será lo correcto eso?, definitivamente que no, Dios anhela que lejos de ser desobedientes, seamos fieles y obedientes a sus mandatos, aun cuando el mandato no es muy agradable a nuestro oído.

¿Qué estas esperando para obedecer?, ¿Acaso quieres que venga un pez gigante?, ¿Quieres pasar 3 días en un vientre apestoso de pez?, o ¿Qué estas esperando?

Evitemos que el pez gigante aparezca en nuestra vida, obedezcamos a las buenas y no a las malas, pues muchas veces ese pez gigante puede ser más desagradable de lo que pensamos.

Si bien es cierto tu puedes desobedecer el mandato de Dios, debes saber que al final terminaras obedeciendo. Ante esto: ¿Por qué no obedecer desde el principio?

Autor: Enrique Monterroza

jueves, 6 de agosto de 2009

Reflexión – La Obediencia a su Palabra

La mayor demostración de nuestro amor por Dios

San Juan 14: 15; 21

“Si me amáis, guardad mis mandamientos”. (v.15)

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. (v.21)

Dios demostró su amor por nosotros que aun siendo pecadores Cristo murió por nosotros, pues de tal manera nos amo Dios que envió a su único Hijo a morir por nuestros pecados. Definitivamente el amor de Dios es inmenso e incomparable, no hay duda alguna de que nos ama con un amor eterno. Puedo pasar escribiendo mas acerca del amor que Dios tiene para nosotros, el cual es inimaginable y jamás estará en tela de juicio, pero en esta hora te quiero hacer una pregunta: ¿Realmente amas a Dios?

Si te tuviera en persona frente a mi y te hago esa pregunta, estoy convencido que tu respuesta seria: “Si realmente amo a Dios”. Pero un dicho popular dice: “del dicho al hecho hay un gran trecho”.

La pregunta de este día es: ¿Realmente amo a Dios?, imaginate por un momento todo lo que Dios ha hecho por ti, desde el día que naciste, hasta ahora, desde cuando no querías nada con El, hasta ahora que tratas de agradarlo, realmente si hiciéramos un calculo de todas las veces que Dios ha demostrado su amor por nosotros, creo que escribiríamos libros completos de anécdotas de lo bueno que ha sido y de lo mucho que nos ha amado y nos seguirá amando.

Pero, ¿Será que estoy correspondiendo a ese amor de Dios?, fíjate que para demostrar el amor de Dios solo tenemos que hacer una cosa, esta es: “Guardar sus mandamientos”, Jesús dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. (v.15)

Guardar los mandamientos tiene que ver con ser obedientes a ellos, entonces en pocas palabras la muestra del amor que tenemos por Dios es LA OBEDIENCIA, pero ¿Qué tan obedientes estamos siendo a su Palabra?

Tu y yo nos podemos llenar la boca de palabras lindas, describiendo el amor que sentimos por Dios y el agradecimiento que tenemos por todo lo que ha hecho por nosotros, pero mas allá de las palabras, hay un hecho que se tiene que concretar para demostrar realmente el amor que tenemos por Dios, y este es: SIENDO OBEDIENTES A SU PALABRA.

Tu y yo podemos decir amar a Dios, pero mientras no obedezcamos su Palabra, nuestras frases solo serán eso: “frases”, que realmente no demuestra el verdadero amor por Dios.

El amor por Dios se demuestra, no se pregona, tú puedas pasarte la vida gritando a los cuatro vientos que amas a Dios, pero si con tu vida no lo demuestras, esas palabras son vanas y mentirosas.

Una vida que realmente ama a Dios trata de agradarlo guardado sus mandamientos, no hablo de la tabla de la ley de la época de moisés, hablo de guardar todo lo que nos manda el Señor a través de su Palabra, cosas sencillas como: no mentir, amar a tu prójimo, no caer en la fornicación o adulterio, no desear la mujer de mi prójimo, no permitir que en mi se aniden raíces de rencor u odio. Hablo de las cosas fáciles como perdonar a aquel que me ofendió, de darle la mano al que me rechazo, de proclamar bendición sobre el que me aborrece, cosas sencillas como esas y que nosotros no tomamos en cuenta a la hora de querer demostrar nuestro amor por Dios.

Estoy seguro que si te preguntara: ¿Qué estarías dispuesto a hacer por Dios? Seguramente me dijeras cosas grandísimas, como ir a la tribu mas escondida del mundo y predicar su Palabra, otros quizá dirían que estarían dispuestos a morir por amor a El y muchos otros dijeran cosas asombrosas que estarían dispuesto a hacer por amor a Dios.

Pero, no es necesario hacer todas esas cosas para demostrar cuando lo amas, demostrar tu amor solo tiene que ver como MORIR a ti mismo y SOMETERTE a su Palabra, Dios quiere que le demostremos nuestro amor por el, no haciendo astralidades, sino tan simple como GUARDAR SUS MANDAMIENTOS, en pocas palabras: SIENDO OBENDIENTE A SU PALABRA.

Amados, es hora de evaluar como esta nuestro amor por Dios, si El ha sido bello y hermoso demostrando un amor inmenso e incomparable por nosotros, ¿No crees que nosotros también debemos corresponder a ese amor?

Es momento de analizar que cosas están evitando que demuestre totalmente mi amor por El, es hora de hacer a un lado todo obstáculo que me esta privando el hecho de demostrar cuando lo amo, es momento de comenzar a vivir rectamente como El anhela que lo haga, las palabras y frases bonitas no sirven mas, es hora de demostrar cuando lo amo, pero con la practica y no solo con la teoría.

La mayor muestra de tu amor por Dios, es la Obediencia que demuestres a su Palabra. Ante esto: ¿Cuánto amas a Dios?

Autor: Enrique Monterroza
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